VAMPIRO

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imagen de un vampiro en blanco y negro

1. El Vampiro: Simbolismo de la Muerte y el Deseo

El vampiro, una figura ancestral que ha sobrevivido en diversas culturas, fue popularizado en la cultura occidental con la novela Drácula de Bram Stoker en 1897. Sin embargo, la noción de criaturas que chupan la sangre de los vivos es mucho más antigua, remontándose a mitos mesopotámicos y eslavos. En el siglo XIX, el vampiro simbolizaba los temores en torno a la muerte, la enfermedad y el erotismo reprimido. La idea de un ser que se alimenta de la sangre de los vivos tocaba fibras sensibles en una Europa que enfrentaba epidemias como la tuberculosis, cuyo síntoma era la extenuación física, casi vampírica. Desde un punto de vista sociológico, el vampiro ha representado siempre una figura de ambigüedad moral y sexual. En una era victoriana obsesionada con la pureza y la represión de los deseos carnales, el vampiro emergía como un ser de atracción y repulsión simultánea. El acto de beber sangre simboliza no solo la toma de vida, sino también una perversión del acto sexual, un tema que resonaba con el miedo al pecado y a la decadencia moral. En el siglo XX, las películas de vampiros como Nosferatu (1922) y más tarde Dracula (1931) cimentaron esta imagen en la cultura pop. Sin embargo, con el tiempo, los vampiros se han transformado en figuras más glamorosas, como en Entrevista con el Vampiro (1994) o Crepúsculo (2008), lo que refleja un cambio en la percepción social del monstruo: de ser un símbolo de miedo y enfermedad, a uno de poder, eternidad y deseo sexual controlado.